Venir a misa no es una opción, es una obligación, una necesidad del alma. Si usted se preocupa del colesterol, la tensión, de cuidar su cuerpo ¿ por qué no se ocupa de cuidar su alma inmortal ?

La Ley no la hizo el Señor como una pesada carga sobre nuestros hombros, tampoco son normas caprichosas del Creador del Universo. La Ley nos la enseñó Dios para nuestro bien, para nuestra liberación, para nuestra felicidad. Sin lugar a dudas, quien cumple la Ley no sólo es una persona feliz, también hace feliz a los que le rodean.

Es algo bien sencillo. Sí uno no mata, no roba, no codicia, no... en definitiva no hace daño y ama a todos empezando por Dios; es lógico que sea una persona feliz y haga feliz a los demás. Sí ya la enfermedad, las catástrofes naturales... nos acosan con sus problemas y preocupaciones ¿por qué aumentarlas vulnerando la Ley ?

Pues bien, la Ley nos dice que santifiquemos las fiestas, y la Santa Madre Iglesia nos indica cómo hacerlo: celebrando misa. y ¿ usted ? ¿Celebra su cumpleaños, su aniversario de bodas, el nacimiento de un hijo o cualquier evento digno de recordar con una misa ? Es más ¿ le hace falta alguna razón razón para participar en misa ?

Sí a todo eso le añadimos que nos encontramos inmerso en un proceso catequético, sería una mentira, una incongruencia con la vida, intentar pasar de sosladillo nuestra asistencia al mayor acto de amor que se celebra en el Universo: la misa, la muerte y resurrección de Jesucristo, volver a entregar al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.