Lunes, 09 Octubre 2017 07:35

Quiero ser tu amigo Señor

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Quiero trabajar en tu viña, mi Señor,
mi amigo tenía una viña
y yo quiero hacer una canto a su viña.



¡Oh, Dios mío!
Escogiste un pueblo,
lo liberaste de la esclavitud,
lo acompañaste por el desierto
entre fidelidades e infidelidades,
tú siempre fuiste su Amigo,
le diste una tierra que manaba leche y miel,
tierra abundante en ricos frutos,
racimos de uvas gigantes.

Un pueblo que no valoró tu amor,
que no te fue fiel,
que no escuchaba tu voz,
ni la de los profetas ni la de tu propio Hijo,
un pueblo que en castigo por su infidelidad
padeció el destierro,
y allí ya sin sacerdote, sin templo, sin identidad,
pagó en castigo su infidelidad.

Dios ama a su pueblo,
lo quiere como un Amigo de verdad,
pero un auténtico Amigo corrige,
exhorta, libera, castiga, salva,
como un padre cuida de sus hijos.

Pero el pueblo no daba su fruto,
iba tras sus propios intereses,
viene el Hijo Amado del Dueño de la Viña
y lo azotan, lo escupen, lo desprecian,
no acogen la inmensidad de su amor,
al contrario, es odiado y crucificado.

El Hijo Amado solo sabía amar,
pero quien de verdad ama, sufre,
porque el verdadero amor va unido al dolor,
ya el verdadero amor es crucificado.

¿Has aprendido a amar al estilo de Jesús?
Aprende a abrazar la cruz de cada día,
aprende a perdonar a los que te crucifican,
aprende a amar a Dios amando a los hermanos,
ama sin comprender, ama sin entender,
porque en el amor está el secreto de la vida.

Donde hay amor, hay vida,
el amor es la savia que conecta
la Santísima Trinidad con los discípulos de Jesús,
savia espiritual que nos hace amigos para dar fruto,
son los frutos de la vida en el Espíritu.

Ya no os llamo siervos, os llamo amigos,
¿quieres ser amigo de Cristo, nuestro Señor?
Vive en comunión con Él,
vive una vida sacramental,
y hazte amigo de los pobres, de los enfermos,
de los inmigrantes, de los que sufren,
y tiéndeles una mano, levanta al que está caído,
contagia la esperanza de la salvación.

Quiero ser tu amigo, Señor,
quiero trabajar en tu viña,
con la oración y la vida,
con los dones que me has dado,
trabajando cada día hasta llegar al cansancio,
para descansar en Ti, que alivias el corazón.

Me has dado una viña,
un trozo de tu viña para que prepare la tierra,
para que la cultive,
y tú Cristo eres la vid y yo el sarmiento,
sin ti nada puedo hacer,
sin ti no hay fruto,
pero contigo el fruto es abundante,
y tú me podas con el dolor de las contrariedades de la vida
para que dé más fruto, para que crezca en santidad,
para hacer tu Iglesia más santa, más humana y más divina.

Sí, mi Señor, quiero ser tu amigo,
quiero cantar a tu Viña,
hacer un canto a la belleza de tu Iglesia,
a su misterio de comunión para la misión,
quiero amar a fondo perdido,
amar por amor, sin esperar nada,
para que la uva sea abundante,
pisarla con mis pies gastados de ir de aquí para allá,
anunciando el Evangelio,
sembrando semillas del Reino.

Quiero hacerme vino de tu Sangre,
que consagrada se da a beber para el perdón de los pecados,
para la vida eterna,
quiero que por mis venas corra la sangre de tu amor,
sangre noble porque eres mi rey
y solo quiero que tú reines en mí,
en el día y en la noche.

Quiero ser tu amigo que hace un canto a tu Viña,
quiero ser tu amigo que quiere morir en tus brazos
para que me lleves a la Tierra Prometida,
al Paraíso, a la Eternidad de la Gloria,
donde la Viña da frutos eternos de amor,
adoración, contemplación, alabanza,
con los ángeles, los mártires y los santos del cielo.

Sí, mi Señor,
quiero ser tu amigo que cante un canto de amor a tu Viña,
quiero ser tu amigo y para ello te ofrezco mi vida. Amén.

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P. Lázaro Albar Marín

Párroco y Vicario de la Bahía de Cádiz y la Janda en Sacerdote de Cádiz y Ceuta Ha estudiado en Bellas Artes en la Facultad de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, Bachillerato en Teología en el Palacio de San Telmo, doctorado en Teología Espiritual en el Teresianum de Roma.

Autor de decenas de libros y diverso material audiovisual.

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