Martes, 03 Enero 2017 04:21

Tu amor y mi amor abrazados para siempre, Cristo mío

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¡Qué misterio más grande, 

tu amor y mi amor abrazados!

 

Si vives en mí, yo vivo en ti, 

si tú tocas mi corazón, 

mi corazón queda purificado.

 

Tu amor es como las olas del mar 

que van y vienen constantemente, 

penetrando mi corazón, 

anidando en mi corazón, 

infundiendo tu vida en mi vida.

 

En el silencio de la noche 

llamas a mi puerta para que esté contigo, 

para que descienda el cielo sobre mi tierra, 

para que mi tierra se eleve a tu cielo.

 

Como una lluvia tempranera 

que empapa mi tierra 

para que fructifique con la semilla de tu amor, 

así me renuevo en el día a día de cada amanecer, 

cuando la luz del alba toca mi corazón 

porque tú eres mi luz y mi salvación.

 

Como la piedra 

que cae en las aguas tranquilas del azul del lago 

y dibuja las hermosas ondas que se extienden 

y se extienden sobre la superficie,

así un toque de tu amor en mi corazón 

produce infinitas ondas de amor 

que quieren alcanzar a todos 

en ese misterio de la evangelización.

 

¿Por qué, Cristo mío, 

unos te aceptan y te acogen 

y otros te rechazan muriendo sin conocerte?

 

¿Por qué, Cristo mío, 

unos desean conocerte más y más, 

y otros son indiferentes a tanta gracia derramada?

 

¿Por qué, Cristo mío, 

mi deseo es alcanzar el cielo, 

escalando las cumbres de tu amor, 

y otros su deseo es bajar al infierno del odio, la envidia, 

la violencia, la angustia y la desesperación?

 

Solo tú, Cristo mío, Rey del Universo, 

muriendo en la cruz 

nos has traído la redención y la salvación, 

amor crucificado nadie ha amado como tú, 

cuánto tengo que aprender mirándote en el Pan de la Eucaristía 

y en todos los pobres y desdichados de la vida 

donde has querido hacerte presente en tu amor 

hacia los últimos, excluidos y marginados.

 

Pan del cielo, 

que no me faltes tú, 

que no deje de comer tan maravilloso alimento 

que enciende el corazón en tu amor 

para darlo a los demás embelleciendo mi alma.

 

Cristo mío, 

Cristo de los que te acogen 

queriendo ser de todos, 

queriendo tocar a todos, 

queriendo vivir en todos y salvar a todos, 

si nos falta la experiencia de tu amor 

nos falta la vida y muero, 

porque donde falta el amor faltas tú.

 

Cristo mío, 

deja que te abrace, 

deja que toque tu cielo, 

llévame de tu mano hacia la eternidad, 

hacia tu gloria, 

desde aquí ya se escuchan los cantos de esperanza, 

los coros de los ángeles que te ensalzan, 

quiero unirme a ellos en el silencio de la noche, 

donde tu amor toca mi corazón hasta transfigurarlo.

 

Sí, Cristo mío, 

tu amor y mi amor abrazados, 

en la cruz o en la gloria de tu resurrección, 

siempre abrazados, por toda la eternidad. Amén.

Visto 579 veces Modificado por última vez en Martes, 03 Octubre 2017 09:12
P. Lázaro Albar Marín

Párroco y Vicario de la Bahía de Cádiz y la Janda en Sacerdote de Cádiz y Ceuta Ha estudiado en Bellas Artes en la Facultad de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, Bachillerato en Teología en el Palacio de San Telmo, doctorado en Teología Espiritual en el Teresianum de Roma.

Autor de decenas de libros y diverso material audiovisual.