El inicio es la humildad –puerta de la esperanza y condición de autenticidad– y la conclusión, el abandono en Dios, la confianza total en su bondad y en la fuerza que da experimentar que “todo pasa, solo Dios queda”.

La esperanza es un don del Espíritu Santo, presente en todo momento: es fuerza y energía, es el inspirador silencioso, nos hace portadores de esperanza para los demás y, de modo especial, para los más necesitados. Pero la esperanza es también una tarea de cada bautizado, porque es una esperanza activa. No permite quedarse de brazos cruzados, compromete y lleva al seguimiento de Jesús de Nazaret, a continuar su misión.

Apoyado en el magisterio de los papas y de los santos y, también, en la sabiduría de muchos pensadores cristianos y no cristianos, cada apartado contiene actitudes, pistas y sugerencias para vivir con arraigo en la esperanza.

Cada capítulo acaba con un texto más largo para que el lector lo medite pausadamente y preguntas que ayudan a la reflexión e interiorización, invitando a dar una respuesta personal.

Pero no se queda ahí el autor. Hay una invitación a la comunidad, porque el proyecto cristiano es comunitario. Así, la Iglesia puede dar razón de su esperanza y ser una luz encendida para todos, aun en medio de la noche.

Se trata de una esperanza liberadora, sobre todo para los pobres. Una esperanza que genera alegría y que crece apostando por la mirada positiva hacia todo. Una mirada que asume la angustia y las resistencias de la vida, fiándose de Jesús. La alegría, la vigilancia, la paciencia, la sobriedad y el trabajo transformador son las actitudes que hay que mantener.

La mirada compasiva, el anuncio del Evangelio, el sentido festivo y comunitario y, más que nada, la oración constante se convierten en el camino que hace crecer sin fin la esperanza. María acompaña siempre. La mujer creyente y humilde, que se fía de Dios, no está ausente en ninguna etapa de la vida, es modelo y estímulo, es la Virgen de la esperanza. En este Adviento, tiempo privilegiado para la esperanza, el autor quiere levantar la esperanza de cada creyente que se acerca a Jesús, pero también recordar que una Iglesia fecunda y evangelizadora es una Iglesia que levanta la esperanza de los más necesitados y muestra el rostro amoroso de Cristo, “fuente de la gran esperanza”. 


Publicado en el número 3.013 de Vida Nueva..

Lo puede conseguir aquí: http://www.sanpablo.es/editorial/f/la-fuerza-de-la-esperanza/9788428550529